David Lynch: Pesadillas vinculantes entre el cine y la publicidad

El pasado viernes 13 de mayo, la investigadora y maestra Rebeca Jiménez Calero ofreció en este Centro de Documentación de la Cineteca Nacional una charla sobre la obra audiovisual de David Lynch, con el título David Lynch: Las mil caras de la pesadilla. En ésta, puso especial énfasis en el trabajo publicitario de Lynch para varias marcas famosas, así como para campañas ciudadanas y la promoción de su propio café.
A continuación se presenta un texto de la misma ponente, en donde resume parte de su charla.

 

El pasado 27 de abril, David Lynch escribió en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “Dear Twitter Friends, if u can, please check out the new David Lynch Signature Cup Coffee commercial. Have a great day.” (“Queridos amigos de Twitter, si pueden, chequen por favor el nuevo comercial de David Lynch Signature Cup Coffe. Tengan un buen día”). Más que un comercial, se trataba de un cortometraje de cuatro minutos que Lynch realizó para promocionar un café que lleva su nombre.

David Lynch es un cineasta estadunidense muy peculiar; se dice que su estilo se acerca más al de los realizadores europeos; sin embargo, cuando uno observa detenidamente su obra, casi toda ella está imbuida en paisajes sumamente norteamericanos: zonas montañosas rodeadas de bosques o bien, suburbios y ciudades idílicas, con diners, estaciones de policía y high schools. Su infancia y juventud transcurrió, de hecho, en uno de estos paisajes.

Originario de Missoula, en el estado de Montana, Lynch tuvo un contacto muy cercano con los bosques, así como con la fauna que en ellos habita; su padre se dedicaba a investigar las enfermedades de la madera y los insectos. Tras cursar el high school, David Lynch decide dedicarse al arte, más propiamente a la pintura y tras un fallido viaje académico por Europa, regresa a Estados Unidos y se inscribe en la Pennsylvania Academy of Fin Arts, en donde empieza a realizar sus primeros trabajos cinematográficos: cortos que se proyectaban sobre superficies con volumen. Más que películas propiamente dichas, se trataba de elementos que conformaban una instalación.

Finalmente y tras un trabajo de cinco años, puede completar su ópera prima, Eraserhead, filme que tras un desalentador estreno en Los Angeles, logra convertirse en obra de culto gracias a su programación en funciones de media noche en New York. Posteriormente vendría El hombre elefante, y con ella, un nuevo status de Lynch como realizador. Lo que sigue es más o menos conocido, una carrera con altibajos tanto de crítica como de taquilla, pero también la consolidación de un estilo visual que lo ha colocado en un sitio privilegiado dentro de la cinematografía mundial.

A la par de su carrera fílmica, Lynch ha realizado una actividad paralela que le ha permitido explorar otro tipo de narrativas, aunque siempre apegado a sus obsesiones, me refiero a la publicidad. A principios de la década de los 90 realizó una serie de tres comerciales para televisión para el perfume Obssession de Calvin Klein; más tarde haría lo mismo para Gio de Giorgio Armani, Opium de Yves Saint Laurent, Trésor de Lancôme, Sun, moon, stars de Karl Lagerfield y Gucci by Gucci, entre otros.

En otro tenor, Lynch aceptó realizar para el servicio público un promocional para hacer conciencia sobre el problema de la basura en la ciudad de New York.

David Lynch también fue elegido para crear una serie de episodios para Play Station de Sony en su campaña The Third Place. En uno de ellos, el director incluye uno de sus animales favoritos: un venado.

 

Antes del corto mencionado al inicio, en donde Lynch “platica” con una Barbie, el cineasta ya había realizado otro comercial para el café que lleva su nombre. Él mismo decide aparecer frente a la cámara para hablar de las bondades de la bebida.

En sentido opuesto a la idea de que dedicarse a la publicidad significa “venderse”, David Lynch prueba que adentrarse en este mundo representa una oportunidad más para reproducir su imaginario, su mundo, ese lynchtown en donde las pesadillas pueden tener lugar, aún cuando el escenario pareciera “normal” y “tranquilo”, pero en donde existe algo que no cuadra, algo extraño que nos inquieta y que provoca escalofríos… incluso en una taza de café.

Rebeca Jiménez Calero

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