Archivo mensual: noviembre 2010

La trilogía revolucionaria de Fernando de Fuentes (primera parte)

Leopoldo Gaytán, investigador del Centro de Documentación de la Cineteca Nacional, compartió con los asistentes a la charla del pasado 19 de noviembre su visión acerca de las tres películas sobre la Revolución filmadas por Fernando de Fuentes, y ahora nos envía este texto sobre esta trilogía, misma que comprende algunas de las producciones más importantes de la historia del cine mexicano, tanto por su tratamiento del tema como por su extraordinaria factura fílmica.

Fernando de Fuentes, el primer gran director del cine mexicano

Fernando de Fuentes, el primer gran director del cine mexicano

La sublevación popular ocurrida en México durante la primera década del siglo XX ha sido expuesta por varias disciplinas artísticas como la literatura, la música, la pintura, el teatro, la danza o la fotografía, pero sin lugar a dudas es la cinematografía la que domina la representación revolucionaria desde diferentes ópticas. De esta manera, encontramos sugestivas miradas que nos muestran interpretaciones particulares del tema. Así, tenemos la mirada folklórica de Emilio Fernández, con cintas como Soy puro mexicano (1942), Flor Silvestre (1943) o Enamorada (1946); la mirada conservadora de Julio Bracho con Rosenda (1948); la mirada utilitaria de Mario Hernández —o mejor dicho, de Antonio Aguilar— con La muerte de Pancho Villa (1973), Simón Blanco (1974) y Benjamín Argumedo (1978); la mirada jocosa de Luis Alcoriza con Las fuerzas vivas (1975); o la mirada mística, que termina siendo cómica, de Alfonso Arau con su Zapata, el sueño del héroe (2004). Finalmente, tenemos la mirada crítica de Fernando de Fuentes, a través de tres de los filmes más representativos que se han realizado al respecto: El prisionero trece (1933), El compadre Mendoza (1933) y ¡Vámonos con Pancho Villa! (1935).

"El prisionero trece" denuncia la corrupción de los ideales revolucionarios

"El prisionero trece" denuncia la corrupción de los ideales revolucionarios

En El prisionero trece, Marta, cansada de los malos tratos que le da su marido, el mujeriego y borracho coronel Julián Carrasco, se va de la casa con Juan, el pequeño hijo de ambos. Éste crece y se hace hombre lejos de su padre. Tiene una novia llamada Lola. Por su parte Carrasco, que no ha podido olvidar a Juan, está a cargo de una plaza militar, donde hace arrestar a varios revolucionarios. Gloria y Margarita, hermana y madre de Felipe, uno de los detenidos, logran que Zertuche, amigo de Carrasco, les dé una cita con el coronel. Éste acepta trece mil pesos por la libertad de Felipe, quien de lo contrario será fusilado.

Para resolver el problema de los trece detenidos ante las autoridades civiles, Zertuche sugiere a Carrasco que se sustituya a Felipe por otro detenido cualquiera, y a quien toman prisionero resulta ser Juan. Marta y Lola, desesperadas van al cuartel a buscar a Carrasco, pero no logran encontrarlo sino hasta la madrugada, cuando Juan está a punto de ser fusilado. Cuando Carrasco comprende la situación corre desesperadamente para intentar salvarlo, pero llega demasiado tarde.

"El prisionero trece": Arreglos en lo oscurito

"El prisionero trece": Arreglos en lo oscurito

Según el testimonio de una de las protagonistas (Emma Roldán), ese trágico final fue cambiado por uno más aterciopelado, en aras por suavizar la censura, dado que la cinta comprometía al ejército mexicano y hacía ver a sus mandos superiores como miembros de un organismo corrupto, dipsómano y autoritario. El absurdo final aceptado no lastima la sensibilidad militar: en él, Carrasco despierta de su borrachera y descubre que todo fue un sueño causado por la bebida, prometiendo dejar el alcohol para siempre.

"El prisionero trece": un final trágico

"El prisionero trece": un final trágico

El compadre Mendoza narra los problemas económicos de Rosalío Mendoza, un hacendado oportunista que se las arregla para quedar bien con ambos bandos contrincantes: zapatistas y federales. A ojos del gobierno, es un partidario de Huerta, y a los de los revolucionarios, lo es de Emiliano Zapata. Cuando las tropas de unos u otros llegan a su hacienda (Santa Rosa, en el estado de Guerrero), Mendoza hace colgar los retratos de Huerta o Zapata, según sea el caso, y organiza una fiesta en honor de los visitantes.

"El compadre Mendoza": más arreglos en lo oscurito

"El compadre Mendoza": más arreglos en lo oscurito

En uno de sus viajes a la capital, conoce a Dolores, con quien se casa. Durante la boda, los zapatistas hacen caer en una emboscada a los federales, que se encuentran disfrutando de la fiesta. Mendoza es acusado de traidor y va a ser fusilado inmediatamente, pero lo salva el general zapatista Felipe Nieto. Agradecido, el terrateniente le pide a Nieto que apadrine a su primer hijo, y de esta forma lo hace su compadre. Nieto, en sus frecuentes viajes a Santa Rosa, se encariña con Dolores y con el hijo de ésta. Sin embargo, a causa de los acontecimientos revolucionarios Mendoza tiene apuros económicos, por lo que, al borde de la ruina, acepta la proposición del coronel carrancista Bernáldez y ambos le tienden una emboscada a Nieto.

Como se puede ver, el tema principal de la obra es la traición: Mendoza traiciona a su salvador, a su amigo, a quien debe la vida y a su compadre, pero lo que no traiciona —y es consecuente con ello—, es a sus intereses de clase. En la cinta, De Fuentes no es neutral; toma partido y se inclina por los zapatistas. En una escena, Dolores le pregunta al general si no ha pensado dejar de luchar, y Nieto contesta que lo hará en algún momento futuro “cuando el Plan de Ayala haya triunfado[,] haya paz y los campesinos sean dueños de la tierra que trabajan”.

El compadre Mendoza se salva de ser ajusticiado en su propia boda...

El compadre Mendoza se salva de ser ajusticiado en su propia boda...

De Fuentes equipara a Huerta y Carranza como los traidores a los anhelos revolucionarios, mientras que la historia oficial exculpa al segundo y lo coloca dentro de las figuras míticas de la Revolución. No obstante, en la cinta Carranza no sólo es el asesino intelectual del general Nieto, sino de todo el postulado agrario zapatista. La traición de Mendoza es criticada también mediante la mirada inquisidora de María, una sirvienta muda. Ella es testigo de la traición gracias a su capacidad de leer los labios, lo cual le permite ver cosas que los otros no oyen.

María es la conciencia popular que censura la traición y el crimen de Mendoza y los carrancistas. Su mutismo sirve de símbolo silencioso y acusatorio de todos aquellos que lucharon y sufrieron ante la traición de los ideales revolucionarios por parte del oportunismo militar (“con esto me gano la aguilita de mi sombrero”) y de la burguesía nacional (“Soy enemigo de romanticismo y suspiritos, las cosas hay que hacerlas pronto y bien”).

En la segunda parte: La desmitificación del caudillo

En la segunda parte: La desmitificación del caudillo