Archivo mensual: septiembre 2010

Crónica de la charla Animación de la subversión – Tercera parte

La tercera subversión: Moscú no cree en ánimas

Una de las visiones de Alicia (Jan Svankmajer, 1988)

La República Checa y Polonia, además de compartir una historia en la que se alternan invasiones, rebeliones y represiones, han dado al mundo una gran cantidad de artistas visionarios. Así, no es de extrañar que tres destacadísimos exponentes de la animación mencionados por Mauricio Matamoros en su charla provengan de esos países. En ellos, la técnica del stop motion se une a un imaginario surrealista, alegórico y hasta alquimista para crear universos inquietantes, llenos de oscuras metáforas, que servirían de inspiración a realizadores como Tim Burton y los hermanos Quay.

Jiri Trnka (Pilsen, 1912 – Praga, 1969)

El niño vive en un mundo de fantasía e inocencia, rodeado de ondinas y duendes y capaz de hablar con angelitos. Con el tiempo, los niños van madurando y abandonan ese paraíso para entrar en el de la racionalidad fría, el cálculo y la aritmética comercial. Yo quiero captar lo primero.

Un amoroso artesano y genial narrador

El origen de la carrera de este pintor, ilustrador, titiritero y animador es tan bello como su credo antes citado: nieto e hijo de ebanistas, dominó desde los nueve años de edad el secreto de tallar la madera hasta darle forma a marionetas prodigiosas. Ingresó a la Escuela de Artes y Oficios de Praga, y durante los años cuarenta se dedicó a la ilustración de libros infantiles. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, ingresó al Estudio Oficial de Animación inaugurado por Jiri Brdecka, Stanislav Látal, Eduard Hofman y Jan Kadar.

Para mediados de los cincuenta, Trnka ya había formado su propio estudio fílmico, integrado por doce animadores que compartían su inclinación por el teatro de marionetas. Como resultado de dicha complicidad, desarrollaron filmes muy originales, usando muñecos animados fotograma a fotograma tan meticulosos en sus detalles que pronto ganaron renombre internacional.

Sueño de una noche de verano

En sus filmes animados, Trnka no se limitó a la temática infantil, recurriendo a la sátira social y política. Premiado en numerosos festivales, entre sus obras más destacadas se encuentran Viejas leyendas checas (1953), El valiente soldado Schvejk (1955), basado en los extraordinarios relatos de Jaroslav Hasek, y El sueño de una noche de verano (1958), tal vez su obra más conocida. La labor de Trnka en la animación fue continuada tras su muerte por su asistente Bretislav Pojar y por los animadores Lubomir Benes, Hermina Tyrlova y Jana Olexova.

Walerian Borowczyk (Kwilcz, Polonia, 1923 – París, 2006)

Cada objeto debe perder su neutralidad en la representación y formar parte de ella, puesto que en la vida real nosotros elegimos los objetos que nos rodean y nos acompañan, y eso tiene un significado… a través de los objetos se puede descubrir la naturaleza humana de quien los posee.

Una típica combinación de Borowczyk

Egresado de la Facultad de Artes Gráficas de la Academia de Artes de Varsovia, obtuvo en 1953 el gran premio nacional de gráfica por sus carteles para cine, disciplina que en Polonia posee un nivel excepcional. Ya había realizado algunos cortos de animación desde 1946, pero fue hasta 1957 que alcanzó el reconocimiento con Érase una vez…, que dirigió junto con Jan Lenica, premiada en Venecia y Mannheim.

Con este último filme, pero sobre todo con La casa (1958), Borowczyk y Lenica revolucionaron el cine de animación, al introducir en el género, además de una depurada técnica stop-motion, una atractiva combinación que mezcla una buena dosis de humor negro, gags surrealistas, un arriesgado esquema narrativo fragmentado y un toque de erotismo, elemento que alcanzaría cada vez mayor relevancia en la obra de Borowczyk.

Otro aspecto interesante de la obra de este animador polaco es su colaboración con Chris Marker: Los astronautas (1959), implacable sátira sobre la exploración espacial, llena de elementos farsescos y grotescos. Mauricio Matamoros mostró a los asistentes el corto Renacimiento (1963), que muestra la reconstrucción de objetos destruidos a partir de una efectiva reverse motion.

Otras obras de animación destacadas de Borowczyk son el corto Le concert de M. et Mme. Kabal (1962), y el largometraje Le théâtre de M. et Mme. Kabal (1965), mismo que intercala animación con acción real. En estos dos filmes, el director altera constantemente la cabeza de Madame Kabal, reemplazándola con todo tipo de objetos que van desde una bomba hasta La Gioconda. Muchos críticos encuentran en el agresivo y nihilista surrealismo de estos dos filmes el antecedente directo de los dibujos animados de Bill Plympton (los fans del MTV de los noventa seguro los recuerdan).

Borowczyk continuó su singular carrera cinematográfica con varios filmes considerados por sus defensores como perturbadores relatos de la obsesión erótica, y por sus detractores como soft-porno pretencioso: Cuentos inmorales (1974), La bestia (1975), y una muy particular adaptación de El margen (1976), la gran novela de André Pieyre de Mandiargues, con Joe Dallesandro y Sylvia Kristel (¡!)

Jan Svankmajer (Praga, 1934)

Para mí, los objetos siempre están más vivos que las personas, porque perduran más y son más expresivos.

El alquimista de la animación

El artista que cierra esta trilogía es un cineasta, ceramista, escultor, diseñador, ilustrador y poeta checo, realizador de cinco largometrajes —Alicia (1988), Fausto (1994), Los conspiradores del placer (1996), El pequeño Otik (2000) y Lunacy (2006)— y más de treinta cortos que mezclan la animación cuadro por cuadro con actores humanos, y que representan una de las obras cinematográficas más originales de la historia. Para ilustrar su obra, se presentó el corto El departamento (1968).

Inclasificable, Svankmajer no se parece a nadie; más que continuar la brillante tradición del teatro checo de marionetas (en el que trabajó) o el cine fantástico (ni siquiera el de animación) abreva en las aguas de Rimbaud, Buñuel, Dalí, Arcimboldo y Lautréamont, y a continuación las trasmuta en imágenes insólitas, que apelan, como las de los artistas antes citados, al nivel más profundo de la psique del espectador.

La hora de la comida del pequeño Otik

Para Svankmajer, los objetos también son muy importantes, pero no tanto por su valor intrínseco, sino por la forma en que nosotros mismos les conferimos un significado especial, al proyectar sobre ellos partes de nuestras emociones, a veces incluso de manera subconsciente. La pasión de Svankmajer por las “cosas” le ha llevado a inventar y diseñar objetos surrealistas de misterioso uso y series enteras de dispositivos que pueden mezclar partes orgánicas con partes mecánicas, como su célebre colección de maquinas masturbatorias o sus alteraciones de objetos de uso diario con delirantes variaciones táctiles.

Próximamente: La cuarta subversión – El padre del anime.

Anuncios

Crónica de la charla Animación de la subversión – segunda parte

La segunda subversión: Aparece el primer genio de la animación

Winsor McCay en plena acción

Al continuar su charla con el público reunido en el Centro de Documentación, Mauricio Matamoros presentó dos extraordinarios cortometrajes de animación, salidos de la pluma (literalmente, ya que él solo hizo todos los dibujos) de uno de los más grandes historietistas de la historia: Winsor McCay (¿1867?-1934).

Probablemente nacido en Canadá —aunque McCay mismo afirmaba ser oriundo de Spring Lake, Michigan—, este gran artista casi autodidacta (su única instrucción formal fueron algunas clases de perspectiva y teoría del color, dos aspectos del dibujo en los que se reveló como un absoluto maestro) inició su carrera profesional como grabador de carteles e ilustrador publicitario. Sus primeras historietas aparecieron en el periódico The Cincinnati Enquirer en 1903, y no pasaron desapercibidas: para fines de ese mismo año, McCay ya se encontraba en Nueva York, contratado por el New York Herald. Todo estaba dispuesto para la creación de su obra maestra.

El 15 de octubre de 1905 es una fecha capital en la historia del cómic. Ese día apareció en las páginas del Herald Little Nemo in Slumberland. Varios factores se conjuntaron para hacer de esta tira dominical basada en los sueños de un niño una verdadera obra de arte: el talento de McCay, el gran formato del periódico, las nuevas técnicas de impresión a color… para decirlo claramente, McCay revolucionó los recursos expresivos de su disciplina de una manera tan contundente como lo haría Orson Welles con la suya algunas décadas más tarde.

En su primera etapa, Nemo se publicó en el New York Herald hasta el 23 de julio de 1911, y aunque nunca fue la historieta más popular de su tiempo, sí atrajo la atención de un selecto grupo de seguidores… y llevó a McCay a los escenarios.

¿Un dibujante en escena? Así es; recordemos que la primera década del siglo XX constituyó la época de oro del vodevil, y una de sus atracciones eran los “artistas del gis parlante” (chalk-talk artists), quienes se paraban delante del público para dibujar a velocidad prodigiosa historias completas en un pizarrón. McCay debutó en el vaudeville en junio de 1906 y obtuvo el mayor éxito de público de su carrera. De la magia del pizarrón (un acto cuya eficacia estaba basada en la ilusión de movimiento dada a los dibujos) a la animación sólo había un paso, y el genial padre de Nemo estaba a punto de darlo.

Y si bien McCay no fue el primero en realizar una película de animación, sí fue quien sentó las bases de casi todo lo que vendría después. La calidad de sus cortometrajes está a años luz de todo lo anterior, y no sería igualado sino hasta varios años más tarde. Su ópera prima, el corto Little Nemo, fue realizado en 1911 a partir de 4000 celdas, todas ellas salidas de su propia mano. El inicio del filme es en sí mismo un valioso testimonio histórico, ya que aparece el propio McCay en persona, estableciendo una apuesta con varios incrédulos camaradas, quienes dudan que el dibujante sea capaz de darle vida a sus célebres personajes de la tira cómica del domingo.

El Imp, Little Nemo y Flip en una imagen del corto

En este momento de la charla, Mauricio Matamoros —una autoridad en cuanto al cómic, poseedor de una colección de más de 25 mil ejemplares— refirió que, al ver moverse en pantalla tanto a Winsor McCay como al pequeño Nemo, al payaso Flip, a la princesa del Reino de los Sueños y al Imp, se sintió tan conmovido que se le salieron algunas lágrimas. ¡Seguramente, a varios de los primeros espectadores de este revolucionario corto les ocurrió lo mismo! O por lo menos, quedarían estupefactos ante tal hazaña del arte y la técnica, como tantas veces en la historia del cine de animación.

También se mostró a los asistentes de la charla otro importante corto de McCay: Gertie the Dinosaur, realizado en 1914. Aunque técnica y estéticamente inferior a Little Nemo, tiene un lugar preponderante en la historia del cine: Gertie es el primer personaje de un filme animado creado ex profeso que muestra una personalidad propia y distintiva. En este simpático cortometraje —que muestra nuevamente a McCay en el prólogo— la dinosaurio protagonista realiza varias travesuras y hasta llora cuando la regañan, para finalmente darle un paseo a su autor cuando éste entra en la pantalla.

Próximamente: La tercera subversión llegó detrás de la cortina de hierro.

Gertie saluda al respetable público

Crónica de la charla Animación de la subversión

Fantasmagorie (1908)

La primera subversión:
¡Los dibujos cobran vida!

Con una interesante plática sobre cine de animación underground impartida por Mauricio Matamoros, el pasado viernes 10 de septiembre comenzó este nuevo ciclo de charlas en el Centro de Documentación de la Cineteca Nacional. Con todo y lo apasionantes que resultaron los conceptos compartidos por el especialista con el público, lo mejor fue la selección de cortos animados en sí, incluida una maravilla de 1914 que no le pide nada en cuanto a la belleza del trazo de los personajes a lo que podemos ver hoy en día.

Mauricio Matamoros inició su plática refiriéndose a Émile Cohl (Francia, 1857-1938): el primer dibujante en realizar un filme animado. Caricaturista e ilustrador, Cohl perteneció al Movimiento Incoherente (¡gran nombre!) grupo artístico que tomó por asalto París de 1882 a 1893, y que constituyó uno de los antecesores e inspiradores del Dadaísmo. Una de las obras más representativas de los Incoherentes es un cuadro totalmente en blanco de Alphonse Allais, titulado “Primera comunión de jovencitas anémicas en la nieve” (1883).

Y de hecho, el mismo inicio del cine de animación parece haber salido de la pluma de algún escritor del movimiento incoherente: en 1907, Émile Cohl se topó en alguna calle de la capital francesa con un cartel de cine que plagiaba una de sus caricaturas. Indignado, se dirigió a los estudios Gaumont —productores del filme en cuestión— en busca de una explicación. De alguna manera, acabó involucrándose en la realización de un corto en el que sus trazos cobraban vida. A partir de 700 dibujos hechos entre febrero y junio de 1908, desarrolló Fantasmagorie. El cine de animación había nacido.

Cohl realizaría solamente dos filmes animados más: El delirio del fumador de opio (1911), y otro, hoy perdido, en el que al parecer se presenta la primera muestra de la técnica que sería conocida más adelante como la pixilación, consistente en filmar a actores reales fotograma a fotograma, como si fueran personajes inertes, tal y como lo hace Michel Gondry en el video de la canción “The Hardest Button To Button” de The White Stripes.… No sabremos jamás si Cohl supo a ciencia cierta el alcance que tendrían sus experimentos, pero de todas formas rendimos homenaje a este visionario precursor.

Proximamente:
La segunda subversión: Aparece el primer genio de la animación

Animación de la subversión

Viernes 10 de septiembre
17:00 hrs.

Este pan de Svankmajer le habría encantado a DalíSe dice que uno de los saberes más asombrosos de los alquimistas —y también de todo hechicero, brujo o chamán que se respete— es su capacidad de dar vida a objetos inanimados. Así, los animadores son los magos del cine;  la misma palabra ya posee una cualidad casi sobrenatural: el que anima tiene el poder de conferir el soplo vital (ánemos, en griego) a sus creaciones, y lo hace mediante intrincados procedimientos y fórmulas maravillosas no conocidas al común de los mortales.

Encantamientos aparte, lo cierto es que el cine de animación constituye hoy en día uno de los géneros más propositivos del arte de las imágenes en movimiento, y uno de los que mejor ha aprovechado los avances tecnológicos para su desarrollo. En el curso de unas cuantas décadas, el cine de animación ha pasado de ser una curiosidad o un simple entretenimiento para niños para convertirse en una vertiente decisiva del imaginario cultural mundial.

Pero, como en todo, hay de animación a animación: como todos los fans del anime saben, no es lo mismo Kimba que Simba, y, así, el propósito de la primera charla de 24 letras por segundo es proponer a los asistentes un recorrido por la obra de varios alquimistas de la imagen conocidos por una selecta minoría de seguidores, pero cuyo nivel artístico y contribución a la cultura actual es considerable. Todo un universo en stop-motion.

Tres protagonistas de la animación subversiva (para ir calentando motores):

  • Osamu Tezuka (1938-1989), además de ser el creador de Kimba y Astroboy, es una de las figuras más relevantes del Japón contemporáneo. Escribió más de 700 historias, conteniendo más de 170 mil páginas ilustradas, y, al ser el padre del manga y el anime modernos, su impacto en la cultura popular del mundo entero es inconmensurable.
  • Además de ser gemelos idénticos, los hermanos Geoffrey y Timothy Quay, nacidos en Pennsylvania en 1947, han innovado el arte de la animación de videos musicales y cortometrajes con una mezcla entre el imaginario dark, industrial y postapocalíptico, el teatro de marionetas, el trabajo de Jan Svankmajer y las visiones de escritores como Robert Walser, Alfred Kubin y Michel de Ghelderode. En 1995 realizaron su primer largometraje, titulado Instituto Benjamenta, en honor a la escuela de Jakob von Gunten, el inefable protagonista de la novela homónima de Walser.
  • Jan Svankmajer, cineasta, ceramista, escultor, diseñador, ilustrador y poeta checo nacido en 1934, realizador de cinco largometrajes y más de treinta cortos que mezclan la animación cuadro por cuadro con actores humanos, y que representan una de las obras cinematográficas más originales de la historia.

Charla impartida por:

Mauricio Matamoros (1975, México, D.F.) es periodista e investigador especializado en cine fantástico, historieta y novela gráfica. Posee una de las colecciones de cómics más completa de Latinoamérica, con más de 25 mil ejemplares. Actualmente es Jefe de Información de la Subdirección de Publicaciones y Medios de la Cineteca Nacional.